En estos días casi todos vivimos con intensidad la vuelta al cole. Días de reencuentros y de emociones, días en los que volvemos a recuperar ciertas preocupaciones con más o menos ganas, pero que habíamos aparcado gracias a la docilidad del periodo estival.

kids

Y, precisamente después de este periodo estival, he querido recuperar un viejo párrafo que escribí hace unos años después de vivir / sufrir el proceso de inscripción de mi vástago dentro de nuestro actual proceso educativo. He tenido esas líneas en barbecho para poder leerlas con cierta distancia, y creo que realizar una mejor reflexión, que quiero compartir, a sabiendas de que son muchos los que están de acuerdo con el diagnóstico, pero somos más todavía los que no hacemos nada por intentar aportar soluciones, más allá de la queja.

La educación es lo más importante, es la base para las generaciones futuras.

Se nos llena la boca de este tipo de frases, pero luego, a la hora de la verdad, ná de ná.

Yo era de los que estaba muy intranquilo con la educación de mi hijo cuando vivía en Tarragona, porque allí las circunstancias son muy complicadas, por culpa del nacionalismo (esto dará para futuros post, lo prometo), y pensaba que con la mudanza a Madrid todos mis problemas se solucionaban. Pero nada más lejos de la realidad.

Cuando inicias el proceso de selección de colegio, el primer paso que debes dar es cumplimentar una solicitud en la que se indican los datos del alumno, y el de los padres, básicamente el domicilio, los colegios preferidos, y los ingresos del núcleo familiar. Porque esos serán los baremos que se tendrán en cuenta para que te asignen un colegio: la cercanía a tu casa o al trabajo, y el volumen de ingresos del hogar familiar. Nada más. Bueno sí, es cierto que existe un orden de preferencia de los colegios que te gustarían, pero están condicionados a los aspectos anteriores.

Básicamente lo que se hace es asegurar las plazas de la educación pública a aquellas familias que no tienen recursos, y hacer que aquellos que por poco que puedan se paguen un colegio concertado o uno privado. Es decir, están segmentando la sociedad desde que somos bien pequeños.

Yo ya andaba mosqueado de la etapa de guardería en la que hay distintas tarifas en función de los ingresos familiares. Yo pagaba el máximo, y no lo acababa de entender. No se trata de que pagues más o menos, pero veamos, si uno tiene trabajo, paga una serie de impuestos en base a sus ingresos, y encima tiene que ponerse a la cola para que le otorguen una plaza, si al final se consigue, encima te dejan clarito que… ¡¡¡la vas a pagar más caro que nadie!!! Las ganas de reír que te entran son de nivel máster del universo…

laugh

Cuando recibimos el resultado del “sorteo de plazas” para el colegio de mi hijo, el resultado era el más probable (más allá de la “ilusión” que uno le pone para que suene la flauta), ya que evidentemente quedó fuera de las plazas otorgadas porque, además, hay otro factor que entra en juego: tener herman@s en el centro.

En segunda iteración te asignan un colegio de los que ha quedado con plazas, cuestión que ya te da cierto “tufillo”, porque piensas que si le han quedado plazas, será por algo…

Nos tocó un centro que no tiene mala reputación, pero que es de los de tipo “Religioso” y, personalmente, no tenía ninguna intención de escolarizar a mi hijo en un centro de esa tipología. Sin acritud. Con respeto hacia quienes si prefieren este tipo de centros. Sin más.

Es lo mismo que aquellas personas que no entienden tanta fiebre con meter el inglés en la educación. Es totalmente respetable. Y es por ello que no entiendo el por qué a la hora de realizar la solicitud al colegio de tu hijo, no se preguntan más variables: si quieres un colegio religioso o uno laico, si lo quieres bilingüe o no, qué idiomas oficiales quieres que se utilicen, si quieres un modelo de educación u otro, … y que la gente escoja, y entonces, y solo entonces, que el estado reparta la financiación en función de la demanda.

Pero claro, eso no interesa, porque tal y como decía al principio, lo que interesa es que los que mínimamente podamos nos gastemos el dinero en educación privada, y sigamos co-financiando la educación pública. Y no se trata de eso, se trata de invertir en el futuro de nuestro país, y hacerlo con inteligencia, no con “bolsillo”, que es como se hace ahora.

Por desgracia esto no es lo peor. Aún es más triste que se estén creando verdaderos guettos por agrupar a los niños según ingresos de la unidad familiar, se están creando barreras desde el inicio, diferenciando a las clases sociales. Hay colegios en los que la tasa de niños de padres españoles nativos es ínfima, y eso no es bueno, porque estamos desaprovechando una magnífica ocasión de integración y convirtiéndolo en un problema para el medio plazo.

Soy de los que piensan que en la escuela nos tendríamos que mezclar todos, porque la vida real es eso, vivir todos juntos, coexistir y aprender unos de otros, con respecto, con alegría y con todos esos valores que cada día echo más en falta.

together

Pero es lo mismo, parece que no interesa, aunque luego se nos llene la boca diciendo todo lo contrario. Pero a la hora de la verdad hacemos todo lo contrario: somos borregos.

Veamos en los próximos meses (o más bien años, porque a este paso…) qué devenir toma el denominado Pacto para la Educación, porque soy de los que piensan que hay cosas que no se hacen, no porque sean complejas, sino porque no hay voluntad, y ésta es una de ellas.

Permitidme echarle imaginación, y que al realizar la solicitud de escolarización de un@ de nuestros vástagos, nos encontrásemos lo siguiente:

opciones_educacion
Ejemplo imaginario de opciones a solicitar

Ahora vayamos a la ciencia ficción: con los datos que se derivan no de la solicitud, sino de los procesos que podrían existir detrás (imaginemos, por ejemplo, valoración de docentes), se debería poder llegar a configurar la oferta educativa a proveer a los ciudadanos.

¿Les suena el big data, machine learning, artificial intelligence? Las aplicaciones potenciales darían para una larga lista, y todas ellas para mejorar.

La verdad es que todo lo que rodea a la educación daría para toda una colección, pero la única realidad es que debería ser la prioridad para cualquier país (no caigamos en el error de pensar que estas cosas suceden únicamente en España).

La única salvación posible estriba en dos palabras: educación y cultura.

Arturo Pérez Reverte

¿Empezamos?

banco de imágenes: Unsplash

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